COMIDA BASURA = CEREBRO BASURA

Aunque son numerosos los estudios que demuestran que la comida basura es perjudicial para nuestro organismo, los efectos de las dietas sobre nuestro cerebro no han sido tan valorados.

Están apareciendo cada vez más estudios con evidencia científica que demuestran que lo que comemos influye sobre nuestra inteligencia y salud mental, favoreciendo además la aparición de nuevas enfermedades.

Pensemos que el cuerpo es lo único que realmente es nuestro y nos acompaña desde que nacemos hasta que morimos.

El azúcar y las grasas saturadas son importantes para el metabolismo, pero desgraciadamente en las sociedades de los países desarrollados y en vías de desarrollo se están consumiendo en exceso y eso influye en el incremento de enfermedades que afectan a nuestro cerebro.

Muchas veces los médicos no valoramos los déficits de nutrientes u oligoelementos, porqué pasamos por alto lo más importante, los hábitos nutricionales o el ejercicio físico realizado. Nos centramos sólo en diagnosticar y poner el tratamiento, sin apenas hablar con nuestros pacientes.

Investigadores australianos acaban de publicar un estudio realizado en 2054 adolescentes que se alimentaban con “comida basura”, ingerían a diario patatas fritas, chocolates, dulces, pizza y bebidas azucaradas. Estos jóvenes padecían más problemas de ansiedad, depresión o trastornos de comportamiento.

Otro estudio realizado en mujeres embarazadas noruegas alimentadas con comida basura, dio como resultado la presencia en los niños durante los primeros años de vida de mayor hiperactividad, agresividad y ansiedad.

Una dieta con grasas saturadas y azúcares refinados (bollería industrial y alimentos envasados) tiene un potente efecto negativo sobre las proteínas cerebrales favoreciendo la pérdida de neurotrofinas, que son unas sustancias que protegen al cerebro del estrés oxidativo y ayudan al crecimiento de nuevas células nerviosas.

rueda alimentaria

Menos mal que podemos disfrutar de nuestra Dieta Mediterránea, Patrimonio de la Humanidad. Se ha demostrado que la dieta mediterránea reduce el riesgo de ictus e infarto de miocardio en pacientes con alto riesgo de sufrir estas enfermedades (obesos, hipertensos, diabéticos)

En el estudio PREDIMED publicado en el Journal of the American Medical Association, en enero de 2014 y realizado en España, se comparaba a un grupo de pacientes de alto riesgo que seguían una dieta baja en grasas con otro grupo que consumía una dieta mediterránea suplementada con frutos secos y aceite de oliva virgen extra.

En este estudio se han vuelto a  demostrar los beneficios de tomar a diario frutos secos, ricos en magnesio, también presente en la cebada, espinacas o arroz integral. Así como el consumo de oligoelementos como el potasio, presente en el plátano, tomate, aguacate, yogur o acelgas.

Nuestro aceite de oliva y el aporte de pescado son fuentes de omega 3, que aportados a nuestra dieta disminuye también la posibilidad de padecer Demencia.

Todos debemos ser conscientes de que sigue siendo más importante prevenir que curar.

Realicemos por lo tanto ejercicio físico aeróbico (caminar, correr, bailar, nadar, andar en bicicleta), al menos 3 días a la semana. Liberémonos de los malos hábitos como el tabaco o el alcohol en exceso, procuremos también bajar nuestro estrés.  Así estaremos menos deprimidos, menos ansiosos, menos obesos y tendremos menos riesgo de padecer infartos cardíacos, Ictus, Demencia, Parkinson u otras enfermedades que afectan a nuestro cerebro y que darán un cambio radical a nuestras vidas.

Autora: Ana Belén Cordal López.

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