Maslow sabía mucho de Terapia Ocupacional…

400px-Pirámide_de_Maslow.svg

Ayer asistí a una conferencia del Doctor Juan José López Martínez que nos hablaba de las tres preguntas que más preocupan al hombre:

1. ¿De dónde vengo?

2. ¿Para qué estoy aquí? ¿Cuál es mi misión?

3. ¿Donde iré después? ¿Qué hay después de la muerte o del desprendimiento de mi cuerpo físico?

El doctor daba por supuesto que la última pregunta sería la que más nos preocuparía a todos; a mí francamente la que que me genera desasosiego con cierta frecuencia es la segunda. ¿Qué hago aquí? O lo que yo me pregunto algunos días al levantarme: ¿Qué hace una chica como tú en un sitio como este? ¿Estoy haciendo lo que he venido a hacer? ¿Cómo estar segura? No sé si algún día conoceré la respuesta y estaré segura. Por ahora lo que me sirve de referencia es darme cuenta de si siento paz y alegría cuando estoy haciendo cualquier actividad. La verdad es que soy “un culo de mal asiento”, como decía mi abuela, y de forma recurrente me siento insatisfecha e intranquila, pero ya he aprendido que es mi forma de crecer y cada vez duran menos esos períodos. Cuando me sorprendo así, solo pienso: “Pues tendré que ir buscando qué ocupaciones me traen de vuelta la alegría y la paz y, con ello, mi salud: ese estado de bienestar que va mucho más allá de no tener fiebre ni dolor”.

Abraham Maslow ya nos dijo:

“En resumidas cuentas, el músico debe hacer música, el pintor debe pintar y el poeta escribir, si quieren estar en paz consigo mismos. Lo que los humanos pueden ser, es lo que deben ser. Deben ser auténticos en su propia naturaleza”.

Y yo estoy totalmente de acuerdo en que cada ser humano debe respetar su propia naturaleza para vivir en paz y desarrollarse plenamente, para alcanzar su autorrealización. Lo que ocurre es que a veces este propósito trascendental choca con la realidad cotidiana de muchos seres humanos que han de desempeñar ocupaciones en principio contrarias a su naturaleza para poder subsistir. A veces, para poder pagar las facturas de artículos que seguramente no necesitamos pero nos han convencido de que nos harán la vida más fácil y cómoda. Otras veces, para poder ir al dentista a que nos arregle una caries o pagar los libros de textos de nuestros hijos.

Como terapeuta ocupacional, soy plenamente consciente de que la ocupación elegida es sanadora.¿Qué hacer en estos casos?

Aunque trabajar en un banco sentado frente a un ordenador ocho o más horas al día puede ir en contra de tus necesidades y prioridades más características (quizás preferirías una ocupación más creativa y menos sedentaria), llevar ese dinero a tu casa a fin de mes sí puede estar dentro de tus valores más intrínsecos (por ejemplo, disponer de ese dinero para poder viajar y conocer otras culturas o para alimentar a tu familia…). Y tomar conciencia de ello, de qué valores estás alimentando en ultima instancia con tu trabajo, puede hacer menos lesiva tu ocupación. Incluso puede hacer cambiar la percepción de ocupación obligada y acatada con resignación a ocupación elegida y facilitadora del desempeño de otras ocupaciones más reconfortantes. Además, puedes tratar de meter pinceladas de tus valores o de tus talentos (suelen ir de la mano) en tu vida cotidiana. Si no puedes elegir el qué, elige el cómo.

Si para ti es importante la armonía entre los compañeros, organiza una comida mensual o un amigo invisible por navidad. Si te importa la ecología y el futuro del planeta, coloca papeleras de papel y carteles para sensibilizar a tus compañeros del reciclado. Si te apasiona el arte, decora tu puesto de trabajo y el de aquellos que quieran o haz artesanía y compártela con otras personas.

Ante todo, no te rindas y no te resignes. Autorrealízate en todas tus ocupaciones, ya sea mientras cocinas, te aseas, trabajas o conduces. Puedes elegir cómo hacerlo y hacerlo cada día más acorde a cómo eres realmente.

“La autorrealización es crecimiento intrínseco de lo que ya está dentro del organismo o, para ser más precisos, de lo que el organismo es él mismo”.

Maslow

Eso que es importante para mí, que valoro, ¿puedo manifestarlo más en mis quehaceres? ¿De qué modo podría imprimir la huella de mis valores o de mis talentos en mi vida cotidiana? Y, como terapeuta, ¿transmito a las personas que trato la importancia de buscar qué es eso que les proporciona paz porque está de acuerdo a su naturaleza? ¿Les acompaño a trazarse un camino con objetivos para aproximarse a esas ocupaciones más sanadoras? ¿Reconozco las barreras que impiden la autorrealización de aquellas personas que tienen limitadas algunas de sus capacidades? ¿Y las palancas que pueden impulsarlas a desarrollar una vida más satisfactoria y a participar plenamente en la sociedad?

“Ciertamente se debe señalar que un niño que está intentando conseguir un determinado objeto de valor para él, pero que se ve limitado por por una barrera de algún tipo, determina no solo que el objeto sea de valor, sino también que una barrera es una barrera”

Maslow, el que sabía mucho de terapia ocupacional, más conocido por Maslow, el de la pirámide.

Autora: Beatriz Tierno Tierno.

E-mail: beatriztiernotierno@gmail.com

Fuente de la imagen: http://es.wikipedia.org/wiki/Pir%C3%A1mide_de_Maslow