Ética en rehabilitación neurológica ¿QUÉ DEBO HACER?

Hace poco tiempo, en mi práctica profesional me encontré con un caso en el que tuve serias dudas sobre cómo proceder. Las respuestas no podía hallarlas en ningún libro de mi especialidad. Y es que en el ámbito de la rehabilitación neurológica no son pocas las situaciones en que los profesionales y el equipo terapéutico nos encontramos con dilemas que no son resueltos con conocimientos propios de nuestras disciplinas. Nos encontramos con dilemas éticos.

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Algunas preguntas que se nos pueden plantear:

 ¿Qué debo hacer si…

Me encuentro ante un paciente que no quiere colaborar en la rehabilitación?

Los familiares o el paciente demandan información acerca de su estado o pronóstico?

Existen enfrentamientos entre diferentes familiares de un paciente?

No sé hasta qué punto puedo compartir la información que el paciente comparte conmigo?

Los objetivos y expectativas de familiares y paciente son diferentes y se contraponen?

No tengo claro cuando he de recomendar el alta de tratamiento de un paciente?

Presencio un error de praxis de un colega?

Ante estas y otras preguntas, conviene que los terapeutas tengamos algunos principios claros, en arreglo a los cuales actuar.

En 1974 el congreso de Estados Unidos, como consecuencia de algunos escándalos surgidos por investigaciones médicas en humanos creó una ley para la investigación científica y una Comisión nacional para la protección de seres humanos en investigación biomédica. Fruto de ello se redactó un informe final conocido como Informe Belmont donde se identificaron tres principios  fundamentales. Poco después los profesores Beauchamp y Childress publicaron los Principios de ética biomédica, que se aplican no solo a la investigación sino a la práctica biomédica, y que en la actualidad inspiran la mayoría de códigos deontológicos de profesionales sanitarios.

Estos principios son:

–          Principio de Beneficencia: obligación de prevenir o aliviar el daño, hacer el bien u otorgar beneficios, ayudar al paciente por encima de los intereses particulares, obrar en función del mayor beneficio posible para el mismo y procurar su bienestar.

–          Principio de No Maleficencia: Implica la omisión de actos que pudiesen ocasionar daño o perjuicio al paciente. Es uno de los más antiguos en medicina, contemplado en el juramento hipocrático. Los preceptos morales son no matar, no inducir sufrimiento, no causar dolor, no privar de placer, ni discapacidad evitables. Ello implica realizar un balance de riesgo-beneficio al tomar decisiones en el área de salud. Se trata de respetar la integridad física y psicológica de la vida humana.

Este principio se diferencia del de beneficencia en que pudiese en ocasiones hacer el bien al paciente y acontecer por ello complicaciones que pudieran perjudicarlo directa o indirectamente.

–          Principio de Autonomía: consiste en que cada persona es autodeterminante para elegir las opciones en función de sus intereses, deseos, creencias y principios. Implica la obligación del profesional de respetar los valores y opciones personales de cada individuo en las decisiones básicas que le afectan vitalmente. Supone incluso el derecho a equivocarse a la hora de hacer uno mismo su propia elección.

Para ello han de darse tres condiciones en el paciente:

o   Poder actuar intencionadamente (ha de tener ser competente al tomar decisiones)

o   Poseer la información necesaria (consentimiento informado)

o   Ausencia de coerción (influencias externas)

–          Principio de Justicia: se entiende como la distribución equitativa de los derechos, beneficios y responsabilidades. Está relacionado con la concepción de la salud como un derecho humano fundamental que debe ser garantizado. Se cumple este principio si al paciente se le da el trato merecido sin negarle un servicio, una información o imponerle una responsabilidad u obligación indebida.

Estos principios pueden guiarnos a los profesionales de la salud hacia un enfoque particular en la solución de un problema. Además pueden servir de justificación para una determinada acción o decisión.

En ocasiones estos principios entran en conflicto unos con otros. Ante estas situaciones complejas es necesario recurrir a la ponderación, para determinar qué principio prevalece en cada situación concreta. Ello implica deliberar y calcular la importancia de la norma en ese caso.

Los principios explicados pueden en muchas ocasiones aclararnos y recordarnos nuestro papel como profesionales de la salud.

Por otro lado, cuando encontramos situaciones no contempladas en estos principios generales, podemos acudir a los códigos deontológicos que emiten los colegios profesionales y que articulan de manera más concreta normas para el cumplimiento de principios éticos. En la red están disponibles muchos, y aquí están los enlaces de algunos:

Colegio de Fisioterapeutas de Madrid: https://www.cfisiomad.org/pdf/Codigo.pdf

Colegio de Logopedas de la Comunitat Valenciana: https://www.cfisiomad.org/pdf/Codigo.pdf

Colegio Profesional de Terapeutas Ocupacionales de Aragón: http://www.terapeutas-ocupacionales.es/assets/files/COPTOA/Elcolegio/CodigoDeontologicoCOPTOA.pdf

Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid: http://www.copmadrid.org/webcopm/codigod.pdf

Propuesta de Lex Artis Deontológica para Neuropsicólogos: http://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=2007249

Para otras situaciones más específicas o si os ha picado la curiosidad, aquí están los artículos consultados para la redacción del presente:

Valores humanos y éticos en la rehabilitación de pacientes con afectaciones neurológicas (Díaz Márquez et al., 2006). http://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=2003797

–          Principios de ética biomédica. (Thompson). http://www.scp.com.co/precop/precop_files/modulo_5_vin_4/15-34.pdf

–          Dilemas neuroéticos: el encéfalo, la vida y la muerte de la persona. (Serani). http://arvo.net/cerebro-humano/dilemas-neuroeticos-encefalo/gmx-niv884-con9967.htm

 

Emma Gil Orejudo. Neuropsicóloga